Myanmar, la tierra de los 4.000 templos

Desde el momento que decidí realizar un viaje de 6 meses por el Sudeste Asiático sabía que uno de los destinos ineludibles era Myanmar, la antigua Birmania.

Monje budista, Templo de teca, Myanmar, ©evaespinet

Monje budista, Templo de teca, Myanmar, ©evaespinet

Viajar por este país no es fácil y menos de manera independiente, pues aunque este territorio está en plena transición política de apertura, el país aún vive bajo el yugo de una junta militar. Desde 1989 el gobierno aprisiona a sus ciudadanos y extralimita a sus visitantes, a los que carga de tasas y peajes al entrar o salir del país, visitar lugares como Bagan o el lago Inle, o dormir en sus hoteles. Todo tiene un cierto halo a decadente, aunque eso también forma parte de su encanto. Esto no debe ser un impedimento para descubrir este maravilloso país. Sus ciudadanos no dejarán de sonreírte o de saludarte, porque ellos no quieren ser los olvidados del mundo, como así sucede.

Dicho todo esto, decidimos tomar rumbo al reino de los 4.000 templos, país que bien merece ser visitado al menos una vez en la vida. Myanmar nos traslada a otras épocas que bien pudieran ser filmadas por Bertolucci o Ang Lee. El tiempo se ralentiza y el espacio adquiere otra dimensión. Sabía que no me iba a dejar indiferente, para lo bueno y para lo malo y parte del viaje es eso, adaptarse a lo que está por venir y dejarse sorprender por el camino que asoma en el horizonte.

Myanmar, de aquí a la eternidad

Templo en el lago Inle, Myanmar. ©evaespinet

Myanmar, aunque rica en petróleo, gemas, minerales, y cultivos, es uno de los 20 países más pobres del mundo. La antigua Birmania es sencillez llevada con dignidad y acompañada de una sonrisa perenne en los rostros de sus gentes. Quizás es cosa del Budismo que impregna cada acción de sacrificio voluntarioso, virtud que será recompensada en próximas vidas y que hace que este pueblo viva su existencia con una resignación casi divina. Este país debe ser explorado con la melancolía que exhalan las miradas de sus paisanos.

La tierra de un tiempo que también vivió bajo el control colonial del imperio británico, una etapa de su historia contado soberbiamente por el escritor George Orwell. Se necesitan días para asimilar el contraste en cada kilómetro realizado.

Parar, mirar, admirar.

Sentir, conversar, intercambiar emociones.

Myanmar, el país de los dos nombres

La Unión de Myanmar es el nombre oficial desde el año 2011, reconocida por las Naciones Unidas y con el que la mayoría de la población se siente identificada. Grupos de la oposición, algunas etnias minoritarias, Estados Unidos y Reino Unido continúan llamándola Birmania o Burma, nombre atribuido durante la era colonial inglesa. Así, se sigue empleando el término birmano para la comida, la lengua y la gente.

Hicimos nuestra entrada por Yangón -antes Rangoon(recomiendo 2 ó 3 días de estancia). Capital administrativa del territorio birmano, esta ciudad es muy diferente a cualquiera de las modernas capitales del sudeste asiático. Sus bulevares de frondosa vegetación tropical se desparraman por el mapa urbano hasta ocultar mansiones en declive, dejadas tal cual por sus moradores – una mayoría escocesa- cuando con la cesión del territorio a los birmanos muchos abandonaron con precipitación el país.

El tráfico de Yangón es lento, pausado, sin motos – prohibidas en la capital- y los grandes todoterrenos recién estrenados por la pequeña élite militar se mezclan con las bicicletas de otro siglo, los carromatos y vehículos imposibles, remasterizados con viejas piezas nunca vistas por el occidental de hoy. Los hombres lucen su sarong o longyi, una falda pareo que atan con un gran nudo y que les da un porte elegante y sereno. Las mujeres se cobijan bajo sus sombrillas y ocultan su piel bajo el tanaka, un maquillaje espeso y marfileño elaborado a partir de una madera muy valorada en el país y que les ayuda a protegerse del sol al tiempo que blanquea sus rostros, signo de elegancia.

Shewedon Paya, Yagón, Myanmar. ©evaespinet

De obligada visita es su refulgente pagoda, Shwedagon Paya, de 100 metros de altura, hecha de oro y diamantes  y cuyo recinto incluye 83 edificaciones sagradas. Es el símbolo de la identidad birmana desde hace 2.500 años, hoy refugio de recogimiento y ocio diario de sus ciudadanos y lugar de meditación para monjes y monjas. Hay que dejarse llevar por la multitud que pasea descalza siguiendo el sentido contrario de las agujas del reloj y descubrir las miradas tímidas que te observan y que se transforman en sonrisa, si les diriges un saludo; pararse a conversar con un monje que se acerca con la única intención de practicar inglés; admirar la gran pagoda, las estupas, los nats o guardianes espirituales y las imágenes de Buda en sus variadas posturas.

Contemplar,  observar, dejarse llevar…

Continuamos el viaje en el viejo tren Exprés Yagón-Bagan. Casi un día para recorrer una distancia de unos cientos de kilómetros y por el que hemos pagado la friolera de 40$ por un vagón de “primera clase”, tarifa única para los turistas que quieran viajar en este medio de transporte (opción más barata y sencilla, viajar en autocar nocturno). Este tren no está hecho para el occidental acomodado de hoy. Sería más bien el escenario perfecto para el látigo de Indiana Jones, en lucha contra la más variada fauna en un vagón de madera destartalado digno de conservar en un museo. Un ventilador roto, una bombilla, unas literas hechas para la espalda de un faquir. Tras la ventanilla un paisaje sublime, digno escenario para la contemplación. Nuestros cuerpos saltan descompasados ante los vaivenes de los vagones transportados a través de desvencijados raíles o puentes de otros tiempos.

Nos extasiamos con el paisaje que transcurre con parsimonia, mientras no cesa la intensa actividad comercial junto a las vías; niños, adultos y ancianos se acercan a nosotras para intentar vendernos una sopa, frutas o dulces; la mayoría posiblemente no hayan viajado en un tren y nos observan como un auténtico espectáculo. Ésta es sin duda alguna una experiencia única, difícil de olvidar.

Mujer birmana. Myanmar. ©evaespinet

Tras 22 horas de viaje, llegamos a Bagan (4 ó 5 días) es el lugar que todos esperamos ver en Myanmar. Declarada Herencia del Patrimonio Universal por la Unesco, esta región es conocida también por sus habitantes como Arimaddana-Pura, “choque de enemigos”.

El primer reino birmano donde más de medio centenar de reyes extendieron su dominio con sus palacios y templos que levantaron entre los siglos XI y XIII, antes de sufrir la invasión de los mongoles. Se han datado hasta 4.440 monumentos y edificios sólo en esta área, de los que el tiempo, la erosión, los conflictos y los desastres naturales, como el gran terremoto de 1975, acabó con un gran número de ellos. Pagodas, estupas, monasterios, cuevas de meditación, salas de ordenación, etc., con elaborados trabajos en sus fachadas, relieves y soberbias pinturas en sus muros interiores han convertido a Bagan en el lugar de peregrinación por los birmanos.

Un paisaje de extrema belleza, salpicado de huertos, arrozales, palmeras, bosques y entre ellos los edificios budistas de estuco y ladrillo que nos invaden con su espiritualidad, como almas vigilantes de un pasado enigmático oculto entre claroscuros. Pasear desde el amanecer hasta que el sol cae, levantando sombras de gestas y vasallaje entre sus campos de verde esmeralda, o bajo la lluvia que da un respiro a las altas temperaturas. En definitiva, un lugar que te atrapa hasta hipnotizarte.

Ruta Templos de Bagan (Myanmar). Templos top (*)

Templos de Bagan, Myanmar.©evaespinet

1. Shwesandaw (*)
2. Gubyaukgyl
3. Htilominio Pahto
4. Upali thein
5. Ananda ok Kyaung
6. Ananda Pahto (*)
7. Thatbyinnyu Pahto (*)
8. Mingalazedi Paya
9. Monuha Paya
10. Nan Paya
11. Abeyadana Pahto
12. Nagayon
13. Dhammayazika Paya
14. Payathonzu
15. Nandamanya Pahto
16. Kyat Kan Kyaung
17. Tayok Pye Paya
18. Dhamayanggi Pahto (*)
19. Sulamani Pahto (*)
20. Thabeik Hmauk (Súper Sunset*)
21. Pyathada Paya (Sunset*)

Mujer birmana recorriendo el Lago Inle. Myanmar. ©evaespinet

La siguiente parada de nuestro viaje, Lago Inle (3 ó 4 días). Ese lugar del que no querrás escapar. Un paisaje esculpido entre huertos y arrozales, canales y caminos de tierra bajo frondosos árboles que te cobijan del sol abrasador y te descubren las pequeñas aldeas que te dan la bienvenida con su perenne sonrisa.

Recorrer parte de los 116 km del lago es descubrir nuevas y extraordinarias maneras de disfrutar de una vida sencilla. Templos, palafitos, mercados y huertos flotantes cultivados desde barquitas por los Shan, los Danu o los Inthas, grupos étnicos minoritarios que lo han convertido en un lugar fértil donde los pescadores se deslizan en barcazas tan planas como una corteza de árbol, mientras dirigen sus movimientos bajo la batuta de sus pies, técnica de remo que les hace únicos en el mundo.

Pescador Lago Inle. Myanmar ©evaespinet

Al norte del país, a 650 kilómetros de Yangón, visitamos Mandalay (4 ó 5 días), la antigua capital del reino de Birmania. Centro cultural y religioso por excelencia, es un lugar para la contemplación de sus gentes, templos y santuarios. Sus festivales, que reúnen a monjes y tribus de todas las regiones del territorio birmano con sus trajes tradicionales y su folklore, son una explosión de color y alegría devota. Para tener una panorámica de toda la ciudad hay que peregrinar a Mandalay Hill, un complejo de templos y estupas desde el cuál se divisa la ciudad, el rio y maravillosos paisajes, escenario de culto para sus habitantes. Pero, sin duda, Mahamuni Paya es la pagoda y santuario más importante de esta urbe, con sus sensacionales esculturas khmer de bronce donde observar a los devotos haciendo sus ofrendas y orando en silencio.Otro lugar para perderse todo un día es el soberbio Palacio y su complejo amurallado junto al río.

Pero si Mandalay cautiva por su magia, no hay que olvidar las antiguas capitales con sus tesoros escondidos. En una excursión de un solo día se puede visitar la colina de Sagaing poblada de pagodas; la procesión mística de los monjes púrpura recibiendo su ración diaria de comida en InwaAmapura, “la ciudad inmortal”, donde se encuentra el puente de teca más grande del mundo (U-Bein) que cruza el lago Taungthaman con uno de los más espectaculares atardeceres; y, finalmente, la bella y mística Mingun.

Puente de Teca, Mandalay, Myanmar. ©evaespinet

Myanmar es esa maravillosa postal que deseas encontrar de un país exótico.

Si te ha gustado el artículo, te encantará “Días de Asia” un relato corto inspirado en el viaje que recorrí por el Sudeste Asiático durante 6 meses y que se ha publicado en el libro “VI Premio Internacional Relatos Mujeres Viajeras 2014”, que puedes comprar en el siguiente enlace:

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Premio Accésit “Dias de Asia”, Mujeres Viajeras. ©evaespinet

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Antropóloga, Periodista y Publicista de formación. Free Lance en Comunicación Corporativa 2.0 (www.evaespinet.es). Especialista en Creación de Contenidos (Publicidad, Prensa, Audiovisual & Redes Sociales). Una apasionada trotamundos, amante de la fotografía, la cultura, el cine y la gastronomía.

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