Etiopía, la tierra de los dioses

Tribu de los Mursi, Etiopía. ©evaespinet

Cuando se me ocurrió anunciar a mi compañera de viaje el destino de nuestras vacaciones, se echó las manos a la cabeza: “¿qué hay en Etiopía a parte de hambruna y sequía crónica?” Por un instante revolotearon en mi mente aquellas sórdidas imágenes de niños de barrigas saltonas, famélicos, agarrándose con ansía a un pezón agrietado que no daba un mísero gramo de leche, mientras en Occidente ahogábamos la pena coreando el himno estelar “We are the World” en los karaokes.
Seguidamente, reté a mi pareja a buscar imágenes asociadas a este país que se localiza en el cuerno de África. Su sorpresa fue mayúscula como su rapidez en responder, “¡Nos vamos a Etiopía!”

En ruta por las tribus del sur

Durante 23 días retrocedemos en el tiempo y nos quitamos de un soplo 8 años. Estamos en el año 2002, en el país denominado por los egipcios “la tierra de los dioses”, el estado independiente más antiguo del mundo y, si no el primer pueblo, de los primeros en el mundo en abrazar el cristianismo. Etiopía.

Sabíamos que a partir de aquel momento deberíamos cambiar el “chip”, pues la obstinación de los etíopes les lleva a tener su propio calendario –hay años que los estudiantes añaden un mes a su curso escolar- y horario –el día comienza a las 6 de la mañana, cuando amanece; es la hora 1 y, a partir  de aquí, se cuenta hasta las 12 de la noche, cuando para ellos el día termina-. Ante tanta peculiaridad y carácter propio, lo mejor es dejarse llevar y sobretodo olvidarse de nuestro mundo. Fuera móviles, adiós Internet, cero televisión. Y llega ese momento único, mágico, en el que olvidas en qué día de la semana vives y lo más importante, cuando comemos o dormimos.

En nuestro avance por la falla del Gran Rift donde el desierto se come a la sabana y los enormes lagos, refugio de cocodrilos, aves e hipopótamos magnetizan nuestra mirada, un destartalado quiosco en medio de la nada anuncia esa palabra mágica que conoce hasta el ermitaño más alejado de la civilización: Coca-Cola. ¡Hora de comer Ingera!

Nuestro salvoconducto para ganarnos la gloria en cualquier poblado por muy alejado de la carretera que esté. ¡Waka-waka! Don’t worry, be happy! Bienvenidos a la tierra del fútbol y de las sonrisas. Cualquier niño es feliz con un balón y enunciando uno a uno a los jugadores de la selección española, a pesar de no ver televisión, ni leer periódicos.

Y hablando de comunicarse, una frase que surgió de mi boca nada más subir al 4×4 que nos conduce durante catorce días por las entrañas de este país hasta la frontera con Kenia: “¡Mogambo existe!” Me salió del alma. Una de mis asignaturas pendientes como frustrada antropóloga y viajera impenitente era conocer África “negra”, a pesar de haberla estudiado hasta la saciedad en la universidad. De niña me embelesaba viendo esas películas míticas de Hollywood donde Bogart o Gable se disputaban su hombría enfrentándose a leones y caníbales para salvar a la chica guapa de la peli.

Y Llegó ese momento en que siendo transportada por pistas imposibles en la sabana, digna de un París-Dakar, descubrí sin aliento que cada camino en Etiopía es una fuente de vida, un escenario salvaje y bestia donde interactúan animales y hombres mostrándote la mayor de las policromías que el cielo y la tierra te puedan ofrecer. Un espectáculo para los sentidos.

En Etiopía me he reído como nunca con las actuaciones malabares de chavales, ingenuos y risueños, que te conquistan el corazón en cada curva y he ahogado lágrimas silenciosas en cervezas y noches con Chapy, nuestro conductor pero también guía, asesor, regatista (de precios;) y consejero espiritual…

Qué puede hacer una cuando le cuentan sin perder la sonrisa que no recuerda su rostro infantil porque nunca le hicieron una foto pero que no olvida el día que fue abandonado por su madre en la inabordable capital, Adis Abeba.

Chapy, de 24 años, no sólo es un superviviente de las calles, sino también de la guerra. Con apenas 19 años, luchó en Somalia y sobrevivió a lo que él denomina su única familia, soldados-niño que corrieron peor suerte que él – por un segundo parece dudar de esta afirmación- en un desierto infernal, aniquilados por soldados que jugaban a la lotería con sus pistolas y un tiro en la sien o el perdón de tu verdugo era la mejor de las suertes. Chapy fue caballo ganador y en su narración también me aclara que los Kalasnikov que llevan los pastores Hamer son para proteger a su ganado de leones, así que contenemos la respiración cada vez que paramos ante despendolados rebaños de cabras y vacas que pastan a sus anchas ignorando nuestra breve presencia. No se que prefiero evitar, si los dientes de un león o una ráfaga de un fusil de asalto soviético…

… El sur nos conduce por una encrucijada de pueblos y culturas apenas “tocadas” por la civilización occidental. Quizás es el abandono de su gobierno o sus tierras casi impracticables que pueden mostrarte tribus como las que descubres en los documentales: Arbore, Konso, Mursi, Hamer o los Karo limitan y demarcan sus fronteras solo alteradas por el día de mercado, donde para suerte del viajero algunas de ellas se pueden juntar para intercambiar ganado y especies.

Cabezas rasuradas o marcadas por una mezcla elaborada de barro y mantequilla agria; escisiones, escarificaciones, pigmentos y taparrabos rivalizan con los abalorios más dispares. Las mujeres son bellas y ariscas –son el puntal del grupo-, los hombres, seductores y competitivos. Los animales, moneda de cambio para obtener un matrimonio apalabrado. La lucha por la supervivencia está servida…

… Finalmente, nuestra estrella se cruza cuando llega la posibilidad de ser testigos del ritual de iniciación más dramático y espectacular que se puede apreciar: la ceremonia del salto del toro, donde un adolescente de 15 años se juega su paso a la edad adulta y la posibilidad de casarse, en una prueba que requiere fuerza, equilibrio y destreza, mientras las jóvenes de su familia, en solidaridad con él, clamarán a los hombres de la tribu que las fustiguen hasta que la sangre brote de sus brillantes espaldas. Es el orgullo de un pueblo, los Hamer.

El norte, la cuna del cristianismo

Dejamos las tribus, los paisajes sin límites, electrizantes, para recorrer el norte del país. A una altura sobre el nivel del mar entre los dos y tres mil metros, el mal de altura nos impide conocer a fondo la laberíntica capital, Adis Abeba.

Comienzan las lluvias impenitentes y los grados de temperatura disminuyen a medida que avanzamos con aviones de hélice hacia el corazón religioso y monumental de Lalibela, Gondar y Bahar Dar donde pergaminos, cruces y monjes custodian iglesias excavadas de una solo pieza en la roca, hoy protegidas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Un tesoro sacro sólo comparable a Jerusalén que nos revela el dogma de fe de los etíopes cristianos ortodoxos que, como una marea blanca de túnicas y tules, discurren por sus grutas oscuras y sus minúsculas capillas, guiados por el canto de los fieles.

En busca del Nilo Azul

De nuevo, el paisaje nos enmudece con su intensidad. Es temporada de lluvias y el fértil Nilo Azul alimenta las colosales cascadas de Tis Isat, “Humo de Agua”, 45 metros de vertiginosa caída -solo comparables a las cataratas Victoria– hasta verter sus aguas en el majestuoso lago Tana donde veinte pequeñas islas son refugio espiritual de monjes ortodoxos. El lago Tana es navegado por frágiles canoas de papiro, las tankwas, que transportan a una línea de pasajeros en posición de equilibrio entre cocodrilos, hipopótamos y una variedad innumerable de aves a la caza de su mejor presa.

Ni las colonias europeas, ni Mussolini, ni las guerras, ni la jihad islámica, ni la revolución socialista han podido con la tenacidad y la fe de este pueblo que se dice el más antiguo del mundo. Es difícil expresar lo que hemos sentido con Etiopía y aunque suene ya a tópico, la llamada África nos ha atrapado para siempre. Queremos más…

… Si Eva hubiera mordido otra manzana, Etiopía seguiría siendo la tierra de los dioses.
 
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Antropóloga, Periodista y Publicista de formación. Free Lance en Comunicación Corporativa 2.0 (www.evaespinet.es). Especialista en Creación de Contenidos (Publicidad, Prensa, Audiovisual & Redes Sociales). Una apasionada trotamundos, amante de la fotografía, la cultura, el cine y la gastronomía.

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